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17 DE NOVIEMBRE DE 2021


Vengo de regreso de la feria funeraria de París, y no hago más que darle vueltas a las palabras de un expositor con quién he tenido el placer de conversar esta mañana.

" Debes de ser una persona extremadamente dura mentalmente para haber querido especializarte en bebés. Tienes que tener una capacidad enorme para aislarte de las emociones tan intensas de esos familiares".

Aparentemente podría pensarse eso de mí, pero nada más lejos de la realidad. Para mi es inevitable no emocionarme con cada familia a la que sirvo.

No se trata de ser ajena a su dolor.

Entiendo el dolor de la pérdida de un hijo.

Entiendo que este tipo de pérdidas nada tiene que ver con las demás.

Entiendo que tienen unas necesidades muy específicas, y que hay muchos matices que la envuelven que las hacen aún más desgarradoras.

Soy consciente de que cada minuto que he dedicado a leer, a estudiar,

a pensar y plantearme en qué fallan los servicios funerarios con estas familias,

y que todo el esfuerzo económico y sacrificio personal que me ha supuesto realizar mi formación es lo que me permite brindarles a estas familias un servicio cercano, cálido y creado específicamente para ellos.

Les ofrezco lo único que nunca más van a poder recuperar.

Tiempo.

Tiempo para poder abrazar y besar a su hijo.

Tiempo para poder crear recuerdos, pocos, pero intensos y de gran carga emocional.

Vengo de la feria, y al igual que cuando volvía de Tanexpo (Italia), vengo con sabor amargo. Veo que hay mucho camino por andar, y que no me va a resultar fácil. (Aunque debo decir que hay grandes profesionales que facilitan mucho las cosas y esto me anima a seguir adelante)

Cuando te acercas a un stand de productos funerarios

y preguntas por algo tan básico como es un féretro de bebé....

Y la respuesta es siempre la misma: no trabajamos ese tipo de féretros.

O cuando buscas urnas, y ves que hay verdaderas maravillas para adultos, pero escasamente hay algo para bebés.

Cuando buscas recordatorios, placas, etc y te encuentras con que

no hay para bebés, y si hay algo, es algo creado para adultos que han adaptado a infantil...

¡¡Me entran los siete males!!

Es que esto no representa a la familia que lo va a necesitar

y no le facilita las cosas en absoluto.

Pensemos que en la actualidad las parejas que sufren estas pérdidas

suelen ser personas jóvenes.

De igual manera que se crean coches para personas con movilidad reducida porque es evidente que son quienes mas lo necesitan,

deberíamos tomar conciencia de que en el sector funerario estos casos

son especialmente delicados y es aún más importante contar con medios que faciliten el arduo camino a estas familias.

Es necesario avanzar.

Hay que crear más material para poder personalizar las despedidas a cada familia.

Y no pensemos que porque sean un grupo minoritario son pocos.

Uno de cada cuatro embarazos no llega a termino.

Por desgracia estas pérdidas existen.

Así que vengo con sabor agridulce.

Vengo con las pilas cargadas.

Con muchas ideas en la cabeza y con la certeza de que

hay muchas familias que necesitan esta plena dedicación.

¿Y cómo no me voy a emocionar sabiendo que con mi esfuerzo ayudaré a tantas familias que lo necesitan?

¿Cómo no me voy a emocionar sabiendo que ni siquiera ellos serán conscientes de la ayuda que van a recibir?

...Claro que este tipo de servicios son durísimos para los profesionales funerarios...

Pero por encima de eso, para mí, cada familia a la que pueda ayudar en sus peores momentos...

Cada familia a la que aliviaré su dolor a posteriori, cuando tengan días difíciles y puedan mirar la fotografía de su bebé, o recordar su carita o el último beso o abrazo...

...Para mí, cada familia es y será siempre un regalo.

Y a este sentimiento que me emociona, no sé con qué termino lo definirán ustedes, pero yo solo puedo llamarlo de una manera:

Vocación.